Apropiación del Conocimiento: Oportunidades para el Ecuador

Introducción

Las sociedades contemporáneas tienen desafíos de una envergadura nunca antes existentes para la humanidad. La complejidad de dichas problemáticas tiene múltiples aristas: la configuración de las relaciones entre los diferentes actores sociales es dinámica y se articula constantemente en varios niveles. Por otra parte, las problemáticas vigentes se expresan en múltiples dimensiones: hoy en día no se puede hablar de desarrollo económico sin considerar las dimensiones ambiental, social y tecnológica, por ejemplo.

Problemáticas como: la garantía de derechos, la gobernanza de los asuntos públicos y la generación y redistribución de la riqueza, son algunas de las cuestiones que más atención han puesto gobiernos, organizaciones sociales, universidades y otros actores. Una reflexión sencilla, pero obvia, sería que la forma en que se aborden los problemas, depende mucho de la forma en que los diferentes actores aprehendan la realidad y las formas mediante las cuales interactúen con ella. El conocimiento, es decir, la forma en la que percibimos el mundo a diferentes niveles, es uno de los tópicos más complejos y necesarios de abordar, sobre todo en contexto de un país como el Ecuador, con límites económicos y políticos estrechos.

Los procesos y actores que intervienen en la producción, circulación y apropiación de conocimiento hacen de este campo social poseedor de una particularidad que merece ser señalada: no se trata de un tema en sí mismo, sino más bien de problemática que está presente de forma transversal en cuestiones tan diversas como la economía y el desarrollo industrial o la salud pública y el ambiente. En ese sentido, no cabe entender esta gestión desde un solo punto de vista, sino como un proceso complejo y sujeto a diversas formas de interpretación. Cabe darle una dimensión política a la gestión del conocimiento, un espacio de disputa y competencia. No asumirlo como tal, implica relegar la posibilidad de incidencia para quienes sí lo vean como tal.

Entender el conocimiento implica, discutir los sentidos con los que se aborda este campo que se constituyó como tal, de forma relativamente reciente. Aun cuando haya existido como problemática autónoma desde hace tiempo, estas no existen en tanto no hayan sido nombradas como tal, por diferentes actores en un espacio público, lo cual ocurre generalmente cuando alguno de los intereses o ámbitos propios de alguno de estos actores se ven presionados. El conocimiento no escapa a esta dinámica, a la cual habría que añadir, a su vez su propio desarrollo en el sentido de refutación y sustitución de teorías, instrumentos tecnológicos y objetos de conocimiento.

Entender al conocimiento

Asumir al conocimiento como un conjunto de subcampos, o áreas del conocimiento, es una forma, quizás la más desarrollada de entender a la realidad a través de conjuntos sistemáticos de leyes, conceptos y objetos de estudio. Ciencias o disciplinas científicas. Los desarrollos científicos, la refutación de postulados y los entornos culturales abrieron nuevas formas de articular las áreas de conocimiento: los paradigmas de multi, inter y trasndisciplinariedad se establecieron con el objetivo de generar un entorno conceptual que permitan estudiar y decodificar los objetos de estudio con mayor profundidad, abordando la complejidad de estos de mejor manera. Sin embargo, ello supondría un desarrollo lineal, acumulativo y predecible del conocimiento. Esa lectura sería, al menos incompleta, la explicación anterior dejaría de lado al menos dos dimensiones: las formas de conocimiento que operan por fuera de la lógica científica y la generación de conocimiento práctico que no resulta de la aplicación de presupuestos teóricos. Se trata de abordar la complejidad de los objetos y sujetos de estudio a partir de diferentes articulaciones conceptuales y prácticas.

Es importante, entonces, tener en cuenta los límites que la noción de tecnología como “aplicación de la teoría”. La tecnología, o más bien, las tecnologías si bien se basan en el saber práctico y pueden ser producto del desarrollo científico en su dimensión teórica (la llamada ciencia básica), es quizás el espacio de convergencia en varias dimensiones: campos del conocimiento distantes como la ética, la biología y la robótica pueden confluir en un desarrollo tecnológico. Es más, los saberes ancestrales asociados a la biodiversidad y la química orgánica, pueden confluir para el desarrollo de un tratamiento a una enfermedad. Los ejemplos anteriores pretenden ilustrar 3 puntos: 1) las tecnologías no son sencillamente aplicaciones de teorías, sino son un campo de saber en sí mismo, 2) son la dimensión material o potencialmente material del conocimiento por lo cual entra en contacto con la realidad social y cultural, 3) son desarrollos complejos que requieren múltiples campos conceptuales para su entendimiento y reproducción. Si confrontamos los postulados anteriores, con la noción de desarrollo lineal del conocimiento (científico, sobretodo) podemos deducir que el desarrollo científico, es limitado. Los limites no solo supondrían una mecánica teoría-práctica, coartando un ida y vuelta en el proceso, sino que además restringe la percepción de la realidad a leyes naturales sujetas a comprobación, generando a su vez una autoexclusión de la vida social y una concerniente despolitización del mismo.

En ese sentido, hablar de desarrollo tecnológico es hablar, bajo ciertas condiciones, de la dimensión social del conocimiento. Social, en el sentido que es la dimensión del conocimiento potencialmente más abierta, más aprehensible desde diversas ópticas y que entra en contacto con más actores sociales. De ahí que, para hablar de la gestión tecnológica, se debe hablar siempre de ciencia, pero también de las implicaciones que sus desarrollos tienen en la sociedad, y sin ser ingenuos, pensar en los actores que gestionan estos campos para sus intereses y las lógicas que estas tienen en un contexto global acelerado y con estructuras sociales que responden de forma diseminada a ello.

Conocimiento y Sociedad

Las revoluciones industriales tuvieron a varias estructuras sociales como cómplices de su aparecimiento y evolución. Los estados nacionales, las academias de ciencias y mecenas privados tuvieron incidencia clave en el desarrollo científico y tecnológico. Mucho tiempo ha pasado desde entonces y la realidad social es diferente hoy: los márgenes que los estados nacionales tienen para actuar respecto a un sinnúmero de instituciones sociales diferenciadas (universidades, organizaciones sociales, empresas) es estrecho, más aun en un contexto de globalización, donde las relaciones están atravesadas siempre por las lógicas de competencia y cooperación. Ello sería, de alguna forma, la historia oficial. Sin embargo, los países latinoamericanos tenemos además dos cuestiones a las cuales no se puede dejar de lado: la biodiversidad y la diversidad étnico cultural. Sería mezquino pensar que con estas dos condiciones no hay desafíos diferenciados y a su vez diferentes formas de aprehender el mundo, es decir no se trata solamente de diferencias epistemológicas, sino de matices históricos, ideológicos y valóricos.

En ese sentido es importante más que proponer recetas, abrir preguntas al conjunto de la sociedad. En lo particular me parece que Ecuador y la región deben pensar ¿qué significa desarrollo científico-tecnológico en un país intercultural y plurinacional? ¿cómo plantear políticas de conocimiento en un contexto de inacabada independencia económica y política? Estas y otras preguntas, adobadas con las consideraciones que la globalización presenta y los juegos de equilibrio político que han electrizado a la región durante las últimas décadas, además de los incesantes alcances tecnológicos y la reconfiguración de la economía en múltiples niveles hacen que la complejidad de la discusión no solo sea mayor, sino que sea además muy localizada, por lo que puede ser solamente comparable en ciertos aspectos con otros casos históricos. Resulta lógico pensar, entonces, que cualquier planteamiento que se haga no puede tener como centros gravitacionales o al Estado o al mercado. Es más, ni siquiera un fluido intercambio entre ambos subsistemas sociales parece ser suficiente ante los retos de hoy.

La naturaleza dinámica, inmaterial y móvil del conocimiento hace que los desafíos institucionales para su gestión excedan no solo las concepciones más rígidas de la institucionalidad, sino también que mantener esos esquemas es ineficiente, en términos económicos y egoísta, en términos sociales. La gobernanza, por llamarla de alguna manera, del conocimiento, requiere varias condiciones que las sociedades contemporáneas deben atender: se requieren instituciones dotadas de capacidades y recursos necesarios para sostener el intercambio y la apropiación de conocimientos, ello puede asegurar la eficiencia de un sistema de gestión de conocimiento, sin embargo, puede facilitar la apropiación de este en muy pocos actores, por lo que adicionalmente se requieren instrumentos que garanticen la permanente apertura de estas instituciones y mecanismos, sobretodo colectivos de aprovechamiento y aplicación de estos conocimientos.

No es el espacio para discutir los roles de cada uno de los actores, ni la tipología de los mismos o los alcances y los pesos relativos que cada uno debe tener. Ese debate es necesario y obligatorio si se quiere gestionar el conocimiento en un entorno social con vocación democrática. Subrayo el hecho de que en ese debate debe otorgarse cierta importancia a instituciones que más allá de su naturaleza jurídica, tengan vocación pública y colectiva. Es necesario que el Estado asuma su papel de garante de derechos y rector de ciertos campos, sin menoscabar el espacio que otros actores pueden tener. A ello deben sumarse mecanismos que garanticen el control de empresas y que garanticen competencia justa, pero sobretodo, mecanismos de cooperación efectivos. Ninguna institución lo puede hacer todo y no se puede desconocer los recorridos sociales que muchas de estas tienen: ¿las semillas nativas estarían mejor gestionadas en un coworking que en una Yachay wasi? ¿pueden empresas farmacéuticas garantizar por sí solas el acceso a los medicamentos? ¿hubiese sido posible el aparecimiento del internet por acción puramente estatal? No se trata solo de diseñar instituciones, sino de entender los circuitos y los actores en contacto para generar una forma adecuada de gestión.

Desarrollo Tecnológico

¿Puede un país como el Ecuador embarcarse en una carrera científico-tecnológica? ¿Debe hacerlo? Como siempre, estas preguntas pueden tener múltiples respuestas, que no deben sino ser dilucidadas de forma democrática, participativa y constante. Este ejercicio de constante deliberación requiere a su vez una pregunta central ¿Para qué y cómo buscamos el desarrollo tecnológico? Esta interrogante nos plantea un desafío de lo más amplio, ante lo cual caben sobretodo, colocar premisas a discutir. Como se señaló anteriormente, asumir que el conocimiento se reviste de un carácter lineal es limitado y a su vez restringe el involucramiento de más actores. Suponer además que un país, con el conjunto de recursos e instituciones que posee, puede embarcarse en este momento de la historia a una carrera científico-tecnológica, implica no solo desconocer el punto en el que los desarrollos tecnológicos se encuentran sino también el peso relativo de los países en el contexto internacional.

Subrayo el hecho de que el Ecuador cuenta a su vez con varios desafíos pendientes “casa adentro” y además de los desafíos que el contexto internacional le presenta. Teniendo en cuenta las deficiencias cuanto productivas, cuanto de garantías de derechos que aun persisten, así como la herencia de sus instituciones, el Ecuador tiene oportunidades de atender varios desafíos adoptando políticas de desarrollo tecnológico que se basen en lógicas de conocimiento abierto. Para un país si se quiere “dependiente” o si se quiere “de industrialización tardía”, es indispensable considerar a sus recursos económicos como limitados, lo cual implica adoptar estrategias que hagan eficiente el gasto de todos los actores involucrados. En ese sentido, la apropiación que las tecnologías pueden tener requieren del Estado un entorno favorable a la cooperación, en términos jurídicos sería un régimen de propiedad intelectual que evite el sobrepatentamiento, en términos institucionales, una sólida rectoría de los recursos colectivos y en términos de política pública, estrategias que permitan la generación y apropiación de conocimientos y el fortalecimiento de las capacidades productivas.

Pensar el desarrollo tecnológico, desde las tecnologías libres, nos permitiría además conectar los circuitos educativos a los circuitos comerciales y científicos de conocimiento. Quizás es más efectivo aprender aeronaútica con estrategias de desagregación tecnológica que a su vez no se queden enclaustradas en las universidades o institutos, sino puedan servir en otro sitio. Quizás es más eficiente aprender estadística a partir de un software desarrollado por estudiantes de sociología, que solamente por ingenieros en TICS. Lo que pretendo señalar, es que, más allá de la aprehensión del mundo que una persona tenga, en parte impuesta, en parte generada, se requiere tomar una posición frente a la realidad social, de la que ningún campo de conocimiento está desconectada, lo cual requiere ser visibilizado. Nuestros sistemas educativos y tecnológicos requieren de mucha fluidez entre sí para poder solucionar los desafíos que existen por delante, para lo cual tener en cuenta los recursos que se tienen y los que se desean tener es indispensable.

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